Carta abierta al Consejo Universitario de la Universidad de Los Andes*


Cumaná, Sucre.
Foto: Entre Morrocoyes, Camaleones y Especuladores.

* Por Jorge Dávila
Profesor Titular Universidad de Los Andes.
(10/12/2002)

En mi condición de profesor de la Universidad de Los Andes, y como ciudadano venezolano, me siento en la obligación de reflexionar en torno al contenido del Comunicado aprobado por el Consejo Universitario el día 2 de los corrientes.

En el primer párrafo de ese texto se pide “al pueblo venezolano” reflexionar “frente a la crítica situación que hoy vivimos” invocando el articulo segundo de la Ley de Universidades. Debo decir que el texto empieza con muy mal pie. Basta el sentido común para entender que el referido artículo a quien obliga a reflexionar, en primer lugar y como condición sine qua non, es a la misma Universidad; es ella la llamada por el artículo a contribuir doctrinariamente “en el esclarecimiento de los problemas nacionales”, es decir, mostrar ante la nación el fruto de su reflexión; por eso digo que es condición sine qua non. Antes de llamar “al pueblo” a la reflexión, la universidad esta obligada a mostrar su propia reflexión; es sólo así como contribuye a esclarecer el entendimiento de los problemas nacionales. El llamado del Consejo Universitario debiera entonces estar dirigido a los que conformamos la comunidad universitaria; a menos que su llamado fuese la muestra de nuestra reflexión. Pero no es esto último, precisamente, lo que el Comunicado enseña. Daré enseguida las razones.

El mismo primer párrafo concluye con esta frase: “la crítica situación que hoy vivimos todos los venezolanos”. Es una frase que cualquiera dice o escribe con facilidad. Pero, proviniendo de la Academia, debiera esperarse que se ajuste al rigor demostrativo propio de la seriedad de quienes se identifican, primariamente, por el ejercicio del intelecto. Lo que expresa el Comunicado, a continuación, es exactamente la negación de esa característica esencial de la Academia. En efecto, haciendo uso del lenguaje propio de nuestro decadente periodismo, el texto repite estribillos que sólo afirman meras hipótesis, cuando no burdas opiniones, tales como “quizás enfrentamos la más dura prueba para nuestra democracia”, vivimos una “difícil situación en lo social, en lo político y en lo económico”, tenemos “la urgente necesidad de encontrar una salida”. Para la Academia resulta una terrible aberración el que ese recurso al lenguaje insulso del periodismo se eleve por encima de la rigurosa demostración que exige la afirmación de la existencia de “una crítica situación que hoy vivimos todos los venezolanos”. Hasta ese punto del Comunicado no hay diferencia entre el texto y los pésimos reportes comunes de nuestros medios de comunicación ya tan desprestigiados.

Pero lo que sigue es tan deprimente como doloroso. Los autores del texto, y el Consejo en pleno al aprobarlo, se abrogan la autoridad de llamar al pueblo venezolano a una consulta electoral. Parece sencillamente increíble; confieso que he releído el texto no sé cuántas veces y aún no me repongo del asombro. Trataré de explicar este asombro.

En primer lugar, afirman tajantemente que en “el camino del diálogo es obvio que no se han obtenido resultados”. Los universitarios sabemos la enorme implicación que tiene decir que algo es “obvio”; es palabra que exige un uso muy cuidadoso, en buena medida por la enorme facilidad conque la usamos en el lenguaje de la opinión ordinaria donde, generalmente, justifica nuestra flojera por razonar. Como aseguran que es obvio que hay litigantes que ya no pueden dialogar, pueden pasar, con sorprendente ligereza, a afirmar que “el pueblo venezolano sea el arbitro” que “ayude a zanjar las diferencias”. En medio de todo este discurso hueco, vació de argumentación, “pueblo”, como se entiende más adelante, no es otra cosa que masa de electores.

En segundo lugar, se afirma lo siguiente: “La Universidad de Los Andes, responsablemente, dentro de los términos establecidos en el marco legal vigente, llama a consultar al pueblo, origen y fin de la democracia”. Esta frase deberá pasar a la historia como uno de los desaciertos más temerarios del ya tradicional descuido del discurso oficial de nuestra institución. ¿Desde dónde se puede afirmar que el marco legal vigente atribuya a la Universidad llamar al pueblo a consulta? Consulta electoral, por lo demás, pues es eso lo que indica a continuación el infeliz Comunicado. En el mejor de los casos, pero también como exabrupto, la frase pudo indicar que la Universidad llama a consultar al pueblo dentro de los términos establecidos en el marco legal vigente. Digo que también es un exabrupto pues no es responsabilidad institucional de la Universidad llamar o no al pueblo a unas elecciones.

En tercer lugar, el documento termina haciendo gala del discurso propio de la desenfrenada oposición al gobierno. En efecto, no sólo toma partido por la idea de unas “elecciones ya” sino que además, después de asegurar que el llamado a elecciones resolvería “el aspecto mas álgido de la crisis política”, prácticamente formula la pregunta del referendo tan vociferado por la oposición obsesionada con la salida del Presidente de la Republica. Lo hacen de una manera rayana en una aparente ingenuidad, a saber, “estamos transitando el camino correcto o debemos ir por otro sendero”? La contribución con la pobreza de la intelectualidad venezolana no puede ser mayor.

A pesar de que un buen lector del Comunicado sabrá entender que la verdadera Universidad esta representada en el voto salvado por Miguel Delgado, creo que el Consejo Universitario debiera retractarse públicamente de este Comunicado. Luego guardar silencio. Pero si ello le resulta imposible, llamen a nuestros verdaderos académicos, apóyenlos en la difusión publica de sus reflexiones y así, sencillamente, estarán dando cumplimiento al mandato del artículo de la Ley de Universidades invocado en este triste Comunicado. ¿A quiénes llamar? Ustedes lo saben igual que yo y muchos otros: Luis Hernández, J. M. Briceño Guerrero, Abdel Fuenmayor y José Vicente Scorza, por decir los cuatro académicos ulandinos que hace unos años decía yo, y lo mantengo, son las verdaderas autoridades universitarias de la ULA.

***

Tomado, como correlato histórico, para efectos didácticos, de su publicación original el 10 de Diciembre de 2002 en: http://www.aporrea.org/actualidad/a1305.html

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Publicado por Nevel Marcano.

"Docente, investigador, analista sociopolítico..." Universidad de Oriente, Venezuela.

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